Mostrando entradas con la etiqueta PIEDRAS Y LABIOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PIEDRAS Y LABIOS. Mostrar todas las entradas

22 abr 2010

Entre labios y rocas hay un paso.

Por Orlando Argote Caminante

Me duele la sonrisa y los desvelos

de la vida pasada,

trato de huir, robar de tu mente

todo recuerdo que me lleve a ti,

pero esta devoción

me aplasta con sus labios de roca.

Me besas y me fragmento,

me conviertes enel polvo

que te hace estornudar,

los labios que seden su voluntad

a tu corazón de roca.

Quisiera ser ciego

de ojos y manos

para sentir como muere

mi amor al estrellarse

en la frialdad del olvido,

entre labios y rocas hay un paso

y tu estas en medio.

Predicador.

Por Cristina Ramírez


El granito de tu piel
toma el sol de los vivos.

Pero no te quema la carne.

Estatua,
los labios

te hicieron


piedra.

Cuicacani.

Por Mariana Recamier

Cuicacani, mi voz de zenzontle
se encuentra desnudo
en una cama de jade
con su piel de chocolate amargo erizada
por mis ojos que ya lo acarician con sus miradas.


Cuicacani, mi pajarito cantor
en tu plumaje de oro
se me ha perdido un broche
de exquisito esplendor.

Canta al ritmo de mis labios
que recorreré tu cuerpo en besos
en besos que subliman tu pureza
para buscar al broche traidor.

Camino por tus piernas
entre ellas bailo una danza a los tlalocs
que responden inmediatos
con torrenciales de lluvia dulce.

Corro con huajes llenos de agua
y me baño en un manantial
que creo en el lugar de tu ombligo.

Sigo mi camino
en una alfombra de verde inmenso
hasta que una luz llama mi atención
en el jovial horizonte.

Lo he encontrado avecita mía
mi pecho de piedra
lo incomodaba
estaba escondido
en el calor de tu corazón de malaquita
.

Opus 37.B Sección (*)

Por Fernando Azul


Las piedras de los Mayas;
los labios de las putas de Schiele.

En el Templo de Quetzalcóatl,
los ojos y las bocas de los atlantes.
En un estudio en Viena,
los pezones y las uñas de las modelos.

Las mil bocas de la Madre Tierra;
los anillos y pendientes de la amante olvidada.

En los muros de Bonampak,
los dioses que nos llaman con su boca cerrada.
En los autorretratos en Klosterneuburg,
los ojos de un jovén medio muerto.

Las rocas, la sífilis, las bocas; todas desnudas.

Las bocas obscenas. Las piedras preciosas.
Los labios de Schiele. Las rocas de Ometéotl.

En una exposición en Londres,
la mirada de Oskar ante lo eterno.
En mi piel y en mis alas,
los cuatrocientos besos de Coatlicue.

Al Abrigo de la Noche.

Por Le Marthelle


Me cubro con las sombras de la febril oscuridad, que el lastimero frio de esta amarga noche de noviembre me ha dejado, para que pasaras sin huella al valle de la muerte y cambiarme por seres inanimados que gozan ahora con tu presencia.

Al abrigo de la noche encuentro el temple paralizado de tu ausencia, la rosa marchita es el reflejo de tu existencia que marco el sendero de mi lúgubre estancia y mi eterna espera.

Lo que antes era roció, pasa a ser una caricia del viento que quema frio y pertenece a este invierno maldito. La soledad ya es una vieja compañera, pero es ahora cuando la veo más clara, más perpetua. El calor de la hoguera, termina siendo ese fuego pasional que antes calentaba mi alma, ahora no es más que cenizas del recuerdo pasado del tiempo, que me dice que no podre soportar mucho en este mundo lastimero y vil sin tu estadía.

Trato de pasar el tiempo leyendo los mismos libros que tú leías, frente a esa chimenea, e imagino que los acariciabas con las sutiles manos de seda que en un tiempo atrás recorrían mi cuerpo, en vez de estas secas hojas llenas de palabras sin sentido ahora para mí. No puedo continuar leyendo, lo arrojo al calor de las llamas.

El recuerdo de tus labios, permanece en mi ser, pues ahora dejaron los míos de pronunciar tu nombre, ya no tienen nada mejor que decir, solo saboreo mi boca con la lengua creyendo ingenuo que fuera la tuya por tan solo un momento. Por eso escribo ahora letras con sangre para relatar lo trágico de mi memoria y del final que me aguarda impaciente.

Tomo la daga con la que una vez cuide de ti, con la que te protegía, ahora será el instrumento que placido calle mi corazón, la entierro en mi ente, gota a gota cae ese liquido tibio del color de la rosa olvidada, y sin mas suspiros que mi propio aliento agonizante dejare de existir, así lentamente, despacio.

Al abrigo de la noche, se encuentra la tierra blanda, sin vida, que marca el lugar de mi entierro junto a tu cuerpo inmóvil. Ahí, en ese lugar quiero que depositen mi pleno desgarrado por el llanto que me ha dejado tu dolor. Que los cuervos, ángeles o demonios, esas aves de ébano cuiden de la necrópolis, y por último el epitafio gravado en aquella piedra de mármol blanco, que rece de esta forma: “Aquí yace aquel que con sueños en sus manos despertó a una vida donde lo espera su amada, su feliz y por siempre eterna compañía”.

Límites Indeterminados.

Por AJ


Cuidado con lo que deseas, porque se puede hacer realidad.

Por suerte, aquel semestre asignaron mi grupo a la profesora Vallejo. Una suerte relativa, cuando descubrí que le apodaban "Piedra", y prácticamente nula según mi hermana, que había sido su alumna:

-Es una hija de la chingada, no sabes lo que te espera...

Liliana Vallejo tenía una merecida fama de inconmovible y estricta. Era común ver estudiantes de cuadro de honor llorando al final del semestre por un 6. Pero, si ignoraba los exámenes sorpresa, el rígido peinado y la actitud glacial, me encontraba con alguien muy atractivo. Yo era pésimo en matemáticas, y pasar sus clases adivinando la talla de sostén de la maestra en vez de poner atención fue la receta perfecta para el desastre. A finales del primer periodo pasé a formar parte de la mitad reprobada. No me sorprendí de ser el único que se presentó a la asesoría ofrecida en el receso.

Me preguntó amablemente con cuál tema tenía más dificultades.

-Límites indeterminados -contesté de inmediato.

Escribió un ejercicio en el pizarrón y me hizo resolverlo. Corrigió mis errores y me explicó con una paciencia que jamás habría imaginado en ella. Estaba muy cerca de mí, me turbaba su cálido aliento, pero ni siquiera eso pudo empañar la claridad de sus palabras.

Bastaron un par de recesos más para que yo me sintiera seguro, cosa que se reflejó en mi calificación de los siguientes exámenes.Siempre estuvimos solos: eso dio pie a que conversáramos sobre nosotros, y supe que ella acababa de romper un compromiso matrimonial, y que era muy solitaria. Comenzamos a llevarnos bien, de modo que, aunque yo no tuve más problemas en su materia, seguí frecuentándola. Me sentía muy chingón, entregando mi descanso a cambio de aquella mujer inaccesible y hermosa que me apreciaba.

No estaba enamorado. No me interesaba su vida, charlaba con ella porque ansiaba verla, relajada y con el pelo suelto, la blusa un poco abierta, sus carnosos y rojos labios ondulándose mientras me contaba cosas.

Entonces ocurrió. No sé muy bien cómo, sólo recuerdo vagos fragmentos: hablábamos de sucesos tristes, de lo que odiábamos en la vida. Ella mencionó la relación que había terminado recientemente, y la voz se le quebró. Mi parte decente me exigía que la apoyara, pero contemplarla rendida y vulnerable me estaba volviendo loco, ésa no era la maestra que yo conocía. Tomé su mano entre las mías y la miré de frente, hasta que ella levantó los ojos; cuando lo hizo, yo incliné la cabeza y nuestros labios se rozaron. Sólo pensaba en su aroma, en lo suave que era su boca, en cómo anhelaba que pasara eso. Cerré los ojos. No soportaba la tensión con que el deseo me estaba estrujando. Dejé que ella tomara las riendas y así lo hizo. Me besó con ansiedad, como un cachorro hambriento y temeroso, aferrándose desesperadamente. Y tan brutal como el inicio fue el fin.

-Vete, por favor. No debemos hacer esto -cortó en seco.

Está de más decir que los últimos días del ciclo escolar transcurrieron incómodos y que la señorita Vallejo solicitó una transferencia. Seguro que ella me olvidó: yo, en cambio, estuve hundido durante un par de meses. Luego conocí a una chica que, aunque no me gustaba mucho, era simpática. Anduvimos, hasta que le tomé cariño y ella me dejó por otro. Con eso aprendí que un clavo saca a otro, sí, pero el proceso de extracción es muy doloroso.

Quizá.

Por Fó Carrillo


Quizá alguien, en algún momento que no será este
vaya a escribir algo que aquí no se escriba

Nada mas estamos aquí tú y yo
perdiendo el tiempo que no podemos perder
por que nadie no lo regalo

Tan solo estoy gastando mis dedos y tus ojos también
dedos que nos son tuyos, ojos que no son míos

Pero, ¿quien sabe? solamente es un quizá,
tal vez debería pensar en escribir algo que te sirva algo que tenga que ver con lo que tu me pides que escriba
y con lo que yo te pido que leas

¿Pero para que?
Si no sabemos si nos va a servir, si nos va a gustar
mejor quedémonos con la duda
así yo no te aprisiono mas
y tu no me liberas mas

Es muy probable que en algún lugar, alguien que por supuesto no vas a ser tú
vaya a leer algo que por supuesto no voy a escribir yo

¡¡Quien sabe!!

Quizá si

Quizá no.