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2 abr 2010

Me iré.


Por Fernando Azul

"El viento,
a diferencia de nosotros,
se queda aquí."

Me iré
a la chingada de aquí,
no porque ya no
soporte esto,
si no
porque
la poesía ya no me soporta.

En gracia fugaz, aparente.


Por Cristina Ramírez
La mujer de noche toma el móvil del color.

Cruza las piernas seduciendo al conductor, juega con su cabello a los enredos y se muerde el corazón para que el camino desprenda emoción.

Luego se lleva los dedos al monte de Marte. En su torso, dos estrellas de mayo terminan de florecer…
Y llega el momento de ser invadida por su sufragio: el camino se estremece, el conductor se levanta en armas, las piernas se abren para cerrar un ciclo. La mujer de día es burlada, la mujer de noche siempre corre hasta que alguien la alcanza, hasta que alguien llega a ella, hasta que alguien viene. Hasta que alguien viene por ella.

Me he cansado del silencio.


Por Mariana Recamier


Me he cansado del silencio.
Ya no me llena
ver las caras de ópalo roto
queriendo descifrar mis miradas.

Las notas en verso
ya no lo sustituyen,
solo lo alimentan
lo encuban
lo llenan de gas
esperando que explote para desnudarme
en un baño de partículas sonoras
con ecos que desgarran
la hiedra marchita
para encontrar una semilla rota
que se pudre en penumbras.

Pero al arrulló de un péndulo
se mantiene fértil.

Salvo mi semilla
alejándome de las sombras
que me impuse como reflector
de lastima ajena.

Meatpacking District


Por AJ

Tú y yo ya nos habíamos encontrado una vez, ¿recuerdas? Nos reunieron el azar, la desesperación, y todas esas circunstancias que ahuyentan a la buena fortuna. Qué simpáticas aventuras corrimos en ese entonces. Como versiones inofensivas de Thelma y Louise. Siempre me pareció muy romántico andar de carretera en carretera con una amiga que fuera cómplice y comprensiva. Esa vez, fuiste tú.
El intento pasado fue breve y fallido, pero duró lo bastante como para que intercambiásemos números de teléfono. Ha pasado poco más de una década desde entonces. Te olvidé, te dejé arrumbada. No sé cómo diste tú conmigo. Sé que cuando me llamaste, acudí. Heme aquí, parada entre el lujo de tu sala de estar, dudando de que tu emergencia sea tal, contemplando tus muebles caros y tu tapiz costoso y tu alfombra persa, y los vidrios rotos sobre ella; la copa de frío vino aguardándote y tú acostada en el diván, con tu pose de enferma. Te quejas de tu asma, me cuentas de tus hijos, de tu marido. No puedo relacionar esa vida despreciable y monótona de tus relatos con las fotos de la pared, pero eres mi amiga… Apenas te reconozco y ya estoy contándote mis penas yo también… al calor del vino, claro. Yo no tengo hijos. Estoy satisfecha por eso, así la única que sufre soy yo. Vivo en un sótano estrecho y a la sombra de una relación muerta hace varios años. Y yo me moría de tedio hasta que llamaste tú.
El primer atisbo de ti surge cuando te enderezas en el sillón y te recoges el flequillo. Sonríes traviesamente mientras me invitas más vino, y hablas de los últimos años. Te casaste por un error, hiciste el esfuerzo de sentirte enamorada y al principio funcionó. Cuando eras joven y había mucho por lo que luchar. No te importó mudarte de un departamento incómodo a otro, no te importaron las carencias: existía la promesa de que en algún momento, en un futuro no demasiado lejano, tu esposo ascendería y entonces podrías dormir tranquila. Los ascensos soñados llegaron, entonces decidiste tener otro bebé. Pero conforme aumentaba el dinero, disminuía la calma en casa. Ahora los niños han crecido, salen todo el día y tú debes inventarte alguna ocupación que no moleste a nadie. No recuerdas la última vez que tuviste una conversación con él que no fuera de dinero. Las noches son un infierno de cocción lenta: el Valium sólo funciona con uno de los ocupantes de tu cama.
No puedes quedarte así. Siempre fuiste una mujer que solucionaba las cosas, y si no podías solucionar algo te frustrabas. Ahora no hay solución, sólo escapes. Dices que al principio sólo te salías de la cama, bajabas a tomar agua y te acurrucabas en el sillón, precisamente ése donde estás ahora, silenciosa en medio de la penumbra, escuchando a tu corazón, sintiéndolo como un tren a punto de descarrilarse, dolorosamente consciente de ser tú. El agua o el vino bastaban las primeras noches. Luego tu cuerpo pidió más, y fue cuando empezaron las salidas nocturnas. No buscas a nadie, simplemente sales, a veces en pijama, conduces hasta los barrios más jodidos y te detienes junto a lotes baldíos, junto a fábricas abandonadas. Sueñas despierta, para ti no es problema mantenerte así. Tu insomnio y tú ya son fieles compañeros desde hace tiempo. Y no piensan separarse. Has visto peleas callejeras, parejas tirando, parejas peleando, grupos de parranderos moviéndose de un antro a otro. ¿Qué es lo que quieres? ¿Extrañas una vida emocionante?
¿Yo? Mi vida cabe en tres líneas, no necesitas más. Tengo un trabajo que siempre promete ser mejor, pero la realidad pocas veces hace justicia a las promesas. Llego agotada a mi casa, siempre por la madrugada. Duermo hasta el mediodía, me como unas galletas y al trabajo otra vez. Pilas y pilas de documentos por corregir. Podría hacer menos, supongo. ¿Para qué? No tengo vida personal, desde que terminé con P. soy adicta al trabajo. El trabajo me hace bien, me desconecta, me distrae. Lloro los domingos, cuando no hay nada que hacer. Lloro bajo la ducha, sintiéndome pequeña. Así que, puede que gane bastante dinero como para vivir bien. Pero no tengo forma de disfrutarlo.
¿Una margarita? ¿Cosmopolitan? Qué rico, hace tanto que no saboreaba un buen trago “de chicas”. Se respira complicidad, saben a salidas de mujeres, esas en las que van todas en grupo a divertirse por ahí, animarse y decirse: no necesitas un tipo en tu vida, al diablo, juega con todos y con todo. Sí, sí quiero uno.
¿Qué dices? Te fuiste a la cocina y no escuché nada. Ah, sí… deberíamos irnos de vacaciones alguna vez. Un crucero no estaría mal. Podríamos conocer gente nueva. Pero detesto el calor, los climas cálidos me dan alergia. Bien, ahora crees que a tu marido no le importará. Ni cuenta se va a dar. Y, ¿segura que no le importa que saques la mitad del dinero de su cuenta de banco? No lo sé… Por una parte tienes razón. Si vamos a hacer algo, hagámoslo con huevos. Desaparezcamos por ahí, cierto. Me gustaría la India. No, muy trillado. ¿Israel? ¿No te daría miedo? ¿Y si morimos en un fuego cruzado? ¿En un autobús con un terrorista suicida? No puedo creerlo, ahora yo soy la miedosa. Simplemente tomemos una mochila con un montón de ropa hecha bolas, nuestras carteras y el carro y vayámonos por ahí. Ahora mismo. ¿Ahora mismo? ¡Sí! ¡La gente normal hace cosas ahora mismo todo el tiempo!Oh, no. No pienses ahora. Que él se quiebre la cabeza con los niños. Tú desentiéndete. No volverás. No volveremos. ¿Tu inhalador de asma? Oh, rayos. Yo no he pagado mis impuestos, y si nos vamos ahora…

Nada.


Por Fó Carrillo


Te suelto la mirada y te me escurres

Tecleo con los dientes tu nombre y antes de leerte ya te has ido

Suponte tú que crees saber como esconderte de mí

¿Como salir del vacío?

Voy a ponerte en esta hoja de papel

Que es el engrudo de las lágrimas de todos los poetas

¿Como supones que vas a escabullirte de este mar que gota a gota termina con el aliento que te alienta a huir de mí?

¡No podrás!

Por que voy a dejar de escribir en unas 51 Letras y después de eso quedaras en el dolor de una hoja sin poema, voy a aventarte a la nada de donde nada te hará salir y de donde siempre voy a poder mirarte y disfrutarte… (Nada peor que quedar en la nada)

Intenta salir…

Nada a través de la nada.

No ésta vez.



Por Orlando Argote Caminante

Siempre he eludido los problemas desde que era un chiquillo, correr se convirtió en la forma de vida que adopte hasta el final. Por alguna razón yo siempre me vi apetecible para ser vapuleado por los chicos de mi edad, he aquí que inicie a escapar, tal vez fue mi baja estatura o como decía mi madre cuando curaba los raspones en mis mejillas –no eres tonto terroncito, eres un niño muy noble es por ello que tus amigos se aprovechan de ti –. A mis diecisiete años mi madre ya no estaba conmigo para curar mis heridas, un letal cáncer de mama la consumió arrebatándome a la primer mujer que ame, se preguntaran que fue de mi padre, ni yo lo se, ese bastardo se fue cuando yo estaba en brazos y no sabia que el mundo me tenia destinado huir. Así que sin familia y con la soledad alumbrando mi camino me dedique a escapar, a correr, a pirarme para sobrevivir. Me vincule con la peor gente que pude encontrar; con ellos me dedique a robar, golpear y rehuir de los policías cuando era necesario, vi caer a muchos hermanos de los cuales ya no recuerdo sus nombres, creo que olvide tener afecto por las personas desde que probé el dolor que causa encariñarte a ellas. Un buen día decidí que era tiempo de huir de esa pandilla, a Menos dos dedos líder de la hermandad no le pareció que yo desertara, así que ahí me tenían de nuevo huyendo para no morir a manos de unos sujetos que darían su vida por un poco de marihuana. Desde ese día mi vida cambio, gracias a que mi madre inculco en mí el hábito de la lectura y a que nunca deje de leer, ni siquiera cuando me dedique a asaltar ancianas y traficar marihuana en el barrio; esto me condujo a trabajar en un pequeño café en el centro de la ciudad como mesero, los domingos era invitado a leerle cuentos infantiles en el parque que esta enfrente del café, al menos por un tiempo ya no tuve que correr. Mi vida empezó a ser muy agradable, durante este lapso de paz para mi corazón fui como un toro manso. Luego llego Mónica y de nuevo escaparse convirtió en mi vida, escabullirme de las manos de su celoso padre que me consideraba una amenaza para su hija no fue fácil. Pasaron dos años para que el aceptara nuestra relación, para ese entonces ya trabajaba en campañas para difundir la lectura, vivía en un departamento con Mónica, el pasado no pesaba tanto como antes y gracias a ella mi corazón abrió su telón al amor.
Cuando mi vida tomo una tonalidad azul turquesa una noticia agradable complemento mi existencia con una felicidad enorme que claramente se reflejaba en mi sonrisa, Mónica estaba embarazada, quien lo diría por fin dejaría de zafarme de todo, tendría una vida mas normal. Seis meses después,promoviendo el hábito de la lectura en una zona marginada que conocía como a la palma de mi mano me encontré a menos dos dedos, estaba demacrado, lánguido y sucio. Hasta hoy no entiendo el motivo pero me acerque a el, me reconoció al instante, me pidió dinero y le di un billete de veinte pesos, le dije adiós y escape de aquel sitio sin mirar atrás. Cuatro días después llegue a casa posteriormente de un día pesado de trabajo, tenia ganas de dormir y solo eso; pero algo andaba mal, las luces apagadas y un silencio inusual inundaba el lugar, entonces me acerque al interruptor de la luz, lo presione con miedo; cuando se ilumino el pasillo, ahí estaba en el piso, me acerque a ella, estaba toda fría, la abrace y bese su frente, ríos de lagrimas escaparon de mis ojos, sentí el corazón en la garganta cuando quise gritar para expulsar el dolor que fragmentaba mi ser. Según los forenses un paro respiratorio término con la vida de ella y de mi hija, por fin me entere que seria una niña.Desde ese día comencé a huir de nuevo, el dolor que me afligía era voraz, siempre ahí devorando mi felicidad, si es que quedaba algode ella. El ron calmaba mi sufrimiento momentáneamente pero al día siguiente era peor, no soportaba estar vivo, pensé en el suicidio pero mi cobardía tenía límites como para salir por la puerta de atrás.
Una noche me dirigía al departamento con ánimos por los suelos, entonces unas sombras me rodearon impidiendo que escapara, mire al que tenia mas próximo; era Menos dos dedos, tenia un picahielos en su mano izquierda. Esta vez no me pidió nada solo me presento al amigo que sostenía en la mano una y otra vez mientras sus compinches me tomaron de los brazos. Acabado su trabajo huyeron.
Esta fue mi vida, una vida normal como la de cualquier otro, yo me esperaba un final distinto, empiezo a sentir como un frio recorre mi espalda, me siento cansado, todo me pesa, hasta respirar, al menos esta vez no tendré que huir, no esta vez, cerrare mis ojos, espero ver esa luz blanca de la que me hablo mi madre y…