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20 may 2010

El color sin mi apetito

Por Mariana Recamier

I

Mi sol sin sol tan luz que me ciega
mi pequeño caballero va montando su pez nirvana
me deja corre corre corre
se aleja
ya no lo veo
solo queda un horizonte
en el que predomina el color sin mi apetito.


II

El color del calor sin mis ganas.
¿Y si te digo que hoy no te quiero?
Tengo ganas de brincarme la mañana
y la tarde
es cuando crecen
las raíces que se comen mi luz.
¿Lo has notado?
Los colores también tienen plagas
y también se secan cuando los ciegos
no los miran.


III

Esta noche quiero que sea llorona
de esas que no saben de tiempo
porque nunca aprendieron a contar con los dedos.
Yo no tengo dedos o no los veo porque no me queman.


IV

Quiero dormir contigo
lo he dicho mil veces
en sueños cuando no duermo
no sé de razones
tal vez quiero dormir contigo
porque tus ideas nunca tienen calor
siempre están tan frescas
pero sí
hoy o mañana
quiero dormir contigo
una noche de luna sin luna
paseándonos por la espalda de Gala
tocando la lengua de sus senos sedientos.

Accidente.



Por Cristina Ramírez


Choqué con ella.

El impacto fue instantáneo. Una vil cachetada a mis imprudencias.

La sangre se estampó en las paredes de las venas.

Todo fue violento, las paredes se agrietaron y pequeñas gotas quedaron presas entre el vaso que me sostiene y la piel.


Lo olvido.

La violencia muere y cambia de color…

Su cadáver, una mancha púrpura… quedó tendida sobre el monte árido de mi mejilla.


Contemplo el moretón con ayuda del espejo y considero las opciones…

Tendré más cuidado la próxima vez.


Sin duda, las puertas son objetos volubles. Y sin moverse, son capaces de propinar tremendas golpizas a quien no respeta su espacio.

A Kim Kardashian

Por Fó Carrillo

Cuando
mas
solo
me
sentia
en
la
isla
de
las
formas
grises

tu bikini azul llego para naufragar en mi mirada.

19 may 2010

Rouge

Por AJ

Ya está bien entrada la noche, y tú que no llegas. Doy un sorbo a mi vaso, reinicio la música y me siento un instante a esperarte. Miro con ansiedad la ventana: ¿dónde estás? Has dicho que vendrías, que las mariposas no rentan sus colores para ser hermosas. Yo tengo este color como excusa para estrujar mi cerebro por enésima vez, y pienso. Pienso pensando en todos los futuros que pensamos juntos. Uso como excusa repeticiones sin sentido y un título bastante snob (usar el francés ya pasó de moda), y repaso todas las ocasiones rojas que han pasado por mi vida.
Una voz suave y nostálgica me lleva a la frontera del sentimentalismo, ¿cuánto más podré aguantar sin ti? El horno me provoca con perfumes de canela. Nada ahí es rojo, ni siquiera el fuego, de tan caliente que es. Estoy sentada en el sillón que comenzó todo. Un sillón color cereza, por cierto. Me pregunto por qué colorado y rojo son sinónimos. ¿Será que es el único que se considera un color de verdad? Un color que se atreve a serlo, que no teme llamar la atención, que se arroja al fuego con ganas, que es el mismo fuego. El color del diablo, el de las hormigas que pican. Jamás inocuo.

Pues así acabarán mis ojos si continúo escribiendo frente a esta pantalla. No hay más luz. Quizá debiera encender una lámpara y ponerla en un lugar visible desde fuera, para que sepas que estoy aquí. Aguardo como una doncella medieval, casi tiendo mi trenza para que puedas escalar. ¿Le habrá dolido a Rapunzel cuando el príncipe se ayudó de su larga cabellera? Eso qué importa. Rapunzel era rubia. Un tipo común. ¿Hay alguna princesa de cuentos que tenga la melena como zanahoria?

Estoy segura de que cuando llegues contestarás a todas estas preguntas, pero mientras tanto, necesito responderme sola. Inventar mis propias historias, sobre princesas pelirrojas y pecosas, que provocaban pellizcos a su paso. ¿Por qué a las rubias se les llama rubias, si los rubíes no son güeros?

Preguntas otra vez. No tengo remedio.

Leeré algo. No significa gran diferencia con respecto a lo que estaba haciendo, pero espero que un tema tan árido como la guerra me distraiga de mis angustias. Oh, soluciones trilladas… He aquí que cuando te empeñas en buscar coincidencias, las encuentras fácilmente: “Hitler convenció a los países europeos de brindarle su apoyo, basándose en el miedo que éstos tenían al avance del Ejército Rojo”. El peligro del bolchevismo encendido. Señales de tráfico. Sangre. ¡Alto! Escucho ruidos por la ventana. ¿Ladrones? Ah caray, las alarmas suelen ser rojas… De tanto repetir la palabra me estoy mareando. Ahora lo veo en todas partes. Una vez escuché que cuando una mujer está esperando un hijo, se topa con embarazadas a cada rato. Creo que me está sucediendo lo mismo. Incluso recuerdo… tu naricita cuando te resfrías.

Y siguen haciendo ruido allá afuera. Quizá sean unos borrachos. Me asomaré: voy a callarlos de una vez por todas.

-¡SHHH! ¡Párenle ya o llamo a la…!

-Hola, guapa. -Como siempre, sabes muy bien desarmar a una chica enojada y transformar la rabia de sus mejillas en rubor chiveado…

Amapolita

Por Alejandro Luna

Amapola de luces amarillas.
Calcetines de kitty.
Falda a cuadros.

Amarilla hasta los pelos.
Como sus pláticas, sus cafés, sus cigarros...
y por lo tanto, si, amarillos sus dientes también.

La güerita renegada que moja sus calzoncitos en cualquier lavadero.
Un amarillo veneno, el vicio paradoja de un brebaje de dulces y gusanos.

Las tripas de gata.
Sus letritas confundidas
garabatos de una idea sin terminar.

Ella es mi Amapola.
Amarilla hasta los pelos.

Bajo fondo.

Por Orlando Argote

Me siento como un tenis colgado de un cable de luz, un gallo que le canta a la noche por que se le escondieron los amaneceres, los tres metros bajo tierra que sisan nuestras alegrías para sembrar tristezas, el salero sin sal cuando las mañanasson mas insípidas que un cielo sin nubes, una zanahoria cocida que ha perdido sus nutrientes, la escoba usada para barrer los despojos de mis ayunos en soledad, la estrella que se desgajó al caer al piso después de cumplir varios deseos, el matadero de donde salió mi ultima cena, el calcetín que se ha rato y ha perdido a su par, la mugre adherida a la uña de un vagabundo con rumbo, la libélula que olvido prender su luz al caer el sol por la ventana de este planeta cuadrado, las circunstancias que obligan al necesitado a comerse a su amigo, un virote olvidado viejo y enmohecido que terminara en el bote de la basura, una llovizna que moja el animo de un idealista, el temblor en las manos de un cirujano que opera de vida o muerte a su paciente, un ciego sin manos que vive en la penumbra de una atardecer callado, una campana sin badajo, un abecedario sin “a”, o el hombre romántico que se ha quedado sin palabras por que le han cortado la lengua los sinsabores que causaronla falta de tus latidos; dejándolopara que viva de suspiros amacigados como los dientes de un fumador que no haya la manera de salir del vicio que tanto ama , coronado de una impertinencia voluntariosa que lo exhibe como un ser inacabado, solitario y completamente necesitado de ti.

Negra.

Por Mosca

“…Stevenson acaba de llegar a Marsella, después del largo viaje de Lyon, lo único que quería era una cerveza bien fría y poder ver a Gabrielle, aunque eso era imposible pues en Marsella no vendían una buena cerveza y ella estaba del otro lado del mundo…”

-¡JAVIER!

El tecleo de mi vieja Olivetti dejó de sonar, giré la cara hacía la puerta que estaba abierta.

-¿Qué fue?- Respondí.-Ven, ayúdame con estos paquetes.-Estoy trabajando.-No chingues Javier- Se asomó a la puerta- eso no es trabajar, deja de creer que escribir cuentitos es un trabajo.

Miré la hoja blanca prensada por el rodillo. Cómo es cuando en verdad le pones atención a algo le descubres cosas que no imaginabas. La hoja tiene unos relieves, surcos, caminos, tal vez cada hoja sea única y eso delinea lo que puedes hacer y escribir en ella. Mis manos se pusieron tensas, se contrajeron con furia. Cerré los ojos. “Pinche Negra, en que momento decidí coger contigo” pensé. Me levanté para ayudarte.

Cuando te conocí acababas de empezar el negocio de la jodida papelería. Los seis años que me llevas me hacían pensar que eras madura y eso me atraía. Coger con una treintañera. Pero que sorpresa me llevé, solo eras una tonta niñita que sabía moverse bien en la cama. Pensabas y hablabas pura estupidez, nunca decías nada que me provocara interés. Lo único que me atraía de ti era la gran disponibilidad para cuando tenía ganas de coger. Pero como un cruel juego del destino (prefiero decirlo así, porque realmente fue una tontería) quedaste embarazada. No podía creerte cuando me lo dijiste. Me puse paranoico, pensaba que solo me habías usado para embarazarte porque ya se te iban los años y en sí yo era el único que se atrevía a cogerte. Todo después de ello fue un desastre. Mi moral por no dejar un hijo al desamparo de no tener padre me jodía, pero no advertí lo difícil que sería vivir contigo, si apenas podía soportarte un par de horas cuando salíamos, no sabes lo difícil que era tener que verte todos los días y ver como engordabas, más, y que lo poco o casi nada que me atraía de ti, ya no lo podía hacer. Pinche Negra, cada día era más difícil. Tú y tu puta gordura, y tratándome como un sirviente.

Te ayudé a subir los paquetes al estante porque ya a tus ocho meses de embarazo no podías hacer nada de esfuerzo. Regresé a mi cuarto a seguir escribiendo. Cerré la puerta.

“…ya en la estación, lo estaba esperando su gran amigo Gérard, que después de ocho años sin verse, por fin empezarían el viaje que planearon de pequeños…”

-¡JAVIER!

Dejé de escribir. Mis manos se volvieron a poner tensas, rígidas, duras, furiosas.

-¿Qué?-¿Fuiste a buscar el encargo a la casa de mi madre?-No. Dije que iría en la noche.-Ve ahorita.-Estoy escribiendo.-Entonces haz algo de provecho y ve a buscar lo que nos envía mi madre.

Pinche Negra, solo porque traes a mi hijo dentro, si no, si no… Mi vida se ha vuelto miserable, al menos me queda la dicha que dentro de poco veré a mi primogénito.

-Javier- Tocaste la puerta.-¿Qué fue?-¿No vas a ir?

Me paré y abrí la puerta.

-Con una mierda, que sí- Te grité.

Tus ojos se expandieron. No decías nada. Solo estabas ahí, “gordamente” parada. “Joder, me enfermas” Pensé. Cerré la puerta y volví a mi lugar.

“…se dieron un fuerte abrazo, se aprisionaron en esos viejos y empolvados recuerdos de cuando eran niños…”

Tocaron la puerta. Guardé silencio. Miré a la ventana que estaba frente a mí. El día se ve agradable, tal vez debería ir a caminar y fumarme un cigarrillo en el parque. Volvieron a tocar la puerta.

-¿Quién?-Javier, tenemos que hablar.

Me levanté para abrir la puerta. Te vi con lágrimas en los ojos. Con una tristeza fingida. Me abrazaste y te soltaste a llorar como si hubiese muerto tu madre. Sentí el asco recorrerme toda la médula. Tus brazos gordos alrededor de mi cuello, tu cara gorda en mi hombro y tus ojos gordos derramándose en mi camisa. No me moví ni un centímetro. No traté de consolarte. Solo me quedé quieto, esperando a ver a qué hora te me quitabas de encima.

-¿Por qué me tratas así Javier?-¿Así? Joder, déjame escribir.

Me soltaste y te cerré la puerta en la cara. Ya no me senté a escribir, me sentía algo asqueado. Me fui al sillón y tomé una cerveza del mini refrigerador. Amo el dulce de sonido de la presión liberada al quitar la corcholata. Le doy un trago y el reino de los cielos llegaba a mi lengua. Subí los pies al sillón y me quedé viendo el techo. “Pinche Negra, como me jodes”. Saber que toda mi vida tendré que estar ligado a ti por no saber calmar mis ganas de coger. “Idiota”, digo en voz alta. Cerré los ojos para concentrarme en lo que tenía que escribir. Tocaron la puerta. Ésta vez ni siquiera pensé en contestar, tal vez después de algunos intentos y notar que no respondía se iban a ir de mi puerta. Tocaron otra vez. Insistieron una tercera vez. Me levanté enfurecido. Abrí la puerta.

-¿¡Qué!? ¿¡Ahora qué!?-
Javier, por favor deja de gritarme, estoy embarazada, deberías cuidarme y quererme más.
-¡Pero si nunca te quise! Sólo estoy contigo por el bebé.
-No me digas eso por favor.
-Bien, no te diré nada si no vuelves a tocar la puta puerta.

Di un portazo. Me acerqué a tomar mi cerveza y le iba a dar un trago pero la rabia me subía más y más. “Pinche negra, me haces enojar tan rápido, tú y ese estúpido juego de: somos una pareja”. Ya solo falta poco menos de un mes para que nazca y todo cambiará. Me lo llevaré a un viaje por Europa, sí, iremos sin ti Pinche Negra. Solo un mes más. Sonó mi celular. Contesté. Me están invitando a una fiesta, hace mucho que no salgo por estar pendiente de ti Pinche Negra. Decidí ir. Tomé las llaves del auto. Salí a la sala y no te vi. No porque quisiese verte sino para evitar toparme con tu jodido drama de gorda. Abrí la puerta para salir.

-¿A dónde vas?- Preguntaste desde la cocina.
-A una fiesta.
-¿Y me vas a dejar sola? ¿Así como estoy?
-No jodas, pareces una pinche niñita. Ya estas grande para que digas esas tonterías.
-Pero estoy embarazada Javier, debes entender que necesito que alguien me cuide.
-Llámale a la pendeja de tu madre.
-No le llames así a mi madre, y bien sabes que ella está ocupada haciendo cosas de provecho, no como tú que la pasas todo el día encerrado ahí disque trabajando en historias tontas y sin gracia
- Por fin tomaste tu verdadera actitud.
-Nos vemos.
-¡JAVIER!- Te acercaste y me cerraste la puerta- Te digo que no me dejes sola.
-Oh, ¿me estás ordenando?
-Sí, te lo estoy ordenado pinche holgazán, nenita escribe cuentitos.

No me enojaba que me dijeses esas estupideces sino que creas que tienes un control sobre mí. No soportaba más, ocho meses llevando la misma puta vida, ya no aguantaba más Pinche Negra. Te solté un golpe. Un hermoso derechazo que te dio entre la mandíbula y la mejilla. El bello destello de mis nudillos haciendo esas ondas expansivas en cámara lenta en la gordura de tu cara. Sentí una gran excitación. Vi como caíste de espaldas sobre la mesita de la sala y luego al piso. Me miré la mano. Hay Pinche Negra, me estas excitando otra vez. Me fui sobre ti, y ahora te di con la izquierda. No me gusto. Te di con la derecha y sentí un placer efervescente. Te di otro, y otro. Veía como tu cara gorda se hacía carne molida.Te atizaba de lo lindo hasta que me cansé. Me recosté sobre el sillón, deje escapar unos suspiros cómo cuando terminas de coger, me quedé viendo fijamente el ventilador del techo que daba vueltas y vueltas “Joder, Pinche Negra siempre te he dicho que si no estás en la sala, que lo apagases”. Me levanté y caminé hacia la cocina para hacerme de un cuchillo. Fui a mi recamara y tomé mi maleta, metí ropa, dinero, mi computadoraportátil, la vieja Olivetti a su funda. Me acerqué a ver cómo te retorcías, “hay Pinche Negra, ni así me gustas un poco,”. Tomé el cuchillo y empecé cortar. Después de unos buenos y finos cortes, lo vi, vi a mi campeón, a mi bebé ahí acurrucado, lo cargué para subirlo a su portaba bebes. “Por fin solos” suspiré. Salimos de la casa. “Mira campeón, hoy en un bonito día para nacer y para viajar, te dije que iríamos a dar un vuelta por Europa ¿no? pues hoy cómo regalo de vida será ese día”

Rosa Ortodoncia

Por Fernando Azul

Ortodoncia no tenía amigos,
era una chica extraña.
Guardaba cosas en sus tres ombligos;
pizza, refresco, pastel o lasaña.

Nunca nadie hablaba con ella
porque su piel era rosa;
su cabeza tenía forma de botella
y una cara realmente graciosa.

Le gustaba bailar música disco,
electrónica, rancheras y ska,
pero como tenía un ojo bisco
con ella nadie quería bailar.

Ortodoncia disfrutaba bastante
las tardes calurosas,
y aunque no usaba desodorante
ella siempre olía a rosas.

Su corazón era enorme,
aunque no tenía a quién amar.
Todos creían que era deforme
o que en un descuido los podría devorar.

Pero Rosa era muy tierna,
y no les guardaba rencor.
Tal vez le faltaba una pierna,
pero no le faltaba color.

Por las noches hablaba con las estrellas,
y les preguntaba sobre muchas cosas,
como por qué ellas eran tan bellas
o por qué tan lentas las babosas.

Y bueno, Ortodoncia tenía tres ombligos,
y sí, le gustaba muchomucho la lasaña.
No tenía ni dos ni tres amigos
pero era feliz siendo rosa y tan extraña
.