Por Fernando AzulYo tengo un vecino
que vive con amargura,
y es que el pobre chico
está hecho de basura.
Su cabeza es una col
que tiene mucho tiempo bajo el sol,
y unos tomates como ojos
que desde hace mucho no son rojos.
Sus manos son las cucharas
que hace mucho tiró mi abuelita,
y sus piernas son tan raras
como los cayos de la tía rita.
Pero lo más extraño del chamaco
es que su cuerpo sea un gran saco
lleno de viejas chucherías
e inimaginables porquerías.




