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4 may 2010

Se dice que...

Por Cristina Ramírez


La bestia en cuestión posee una piel rosada y blanda, las venas resaltan como ríos en una superficie mucosa.
Le faltan manos y piernas. Se dice que tiene ojos, pero le falla la vista… y toda ella emite con su boca deforme constantes gritos… la resulta de un lenguaje que no conocemos.

Esta bestia no está sola, se hace acompañar de algunas otras creaturas horripilantes que ágilmente sacrifica a la hora de verse en peligro.
El enemigo mas débil se ensaña con ellas. Entonces, las primeras en caer son aquellas largas, de consistencia pastosa y mal olor.

Todos se refugian en una cueva húmeda. Ahí esperan, defendiéndose con uñas y dientes, e inclusive, saliendo al ataque de cualquiera que les apetezca como víctima.

Pero rara vez, la bestia rosada se arriesga.
Ella espera, y se entrega al combate con el enemigo más fuerte, con aquel que ondea una flecha de oro y un arco en sus manos.
Resulta hábil cuando esquiva los golpes y alcanza a esconderse en una coraza color hueso.
Lanza más gritos al aire, se estremece tanto como puede… Y finalmente, la flecha la alcanza.

La bestia, herida… sangra un poco, se viste de rojo y detrás de esa cortina espesa, comienza una transformación que le ayuda a sanar la herida de la punta filosa.

Su forma cambia por completo, se vuelve más suave. Adopta un aspecto amable, y los gritos se convierten en un canto constante.

Comienza el proceso…

La bestia guarda en su interior la flecha, y le rinde un homenaje intenso al enemigo que osó penetrar la coraza y herirla de muerte.
Tan intenso es el homenaje, que la bestia se convierte en un devoto corazón.

Hasta que el enemigo lo rompe, y la bestia renace… más fuerte.

Sin aliento.

Por AJ

“La asfixiofilia es una conducta que consiste en la autoestrangulación gradual y controlada para incrementar la excitación y el orgasmo.

Lo peligroso es que al apretar el lazo, la media, el cordón, o la soga, en el momento del orgasmo la persona asfixiofílica puede perder la vida si por fracciones de segundos el oxígeno no llega a su cerebro., si pierde la conciencia y con ella el cuidado de su vida. En verdad, su vida pende de un hilo, una soga, una media de nylon, un pulóver.

Muchos aparentes suicidios develaron ser muertes autoeróticas por asfixiofilia como se revela cuando estudiamos la escenografía en que se desarrolló la escena sexual.”

La música fue lo primero en llamarnos la atención. Siempre pasábamos por ahí camino a la escuela. Aquel hombre solitario tenía un excelente gusto, era culto e inteligente, según habíamos oído decir. Era un profesor o abogado venido a menos por las circunstancias de la vida. La muerte de su esposa le hizo descuidarse y alcoholizarse, y ya sólo le quedaba la casa con unos pocos muebles. Nadie lo visitaba. Para los chicos siempre había sido un misterio, pero de ésos intocables. Mi hermano y yo disfrutábamos inmensamente caminar por esa calle. En ocasiones nos deteníamos hasta que terminaban aquellas larguísimas piezas de jazz que el loco ponía con su antiguo tocadiscos. Nos parecía mágico.

Una tarde creímos que nuestros oídos habían fallado. Avanzamos en dirección a casa y lo único que se escuchaba eran los coches yendo aprisa. Me intrigué, ¿se habría mudado el hombre? Julián y yo pegamos la cara a la ventana. Había luces encendidas.

-Le hicieron algo.

-¿Quieres ver?

-¿Quieres que veamos?

-La puerta está cerrada…

Por toda respuesta me quitó un pasador del cabello y comenzó a maniobrar, con una astucia impropia de sus trece años. Ingresamos. Era un lugar realmente lúgubre. Sin sillones, ni televisión a la entrada. Sólo cientos de revistas y libros regados por el suelo. La cocina era igual. Una hornilla mugrienta sustituía a la estufa. Pero del vecino, nada. Luego nos dimos cuenta de que la luz provenía de la recámara. En efecto, ahí estaba… Colgaba del tubo de su improvisado clóset, sin ofrecer señales de vida. Era un hombre realmente menudo. El espectáculo habría sido menos aterrador, de no ser porque traía la bragueta abierta y el pene de fuera.

Si no era un suicidio, ¿qué rayos era?

Una silla caída languidecía bajo sus pies. El tocadiscos mudo nos esperaba. Leímos la carátula del disco: era John Coltrane. Frente a él, Sandra Bullock sonreía desde un póster, como si deseara la lata de Coca –Cola con limón de la mesita de noche.

Corrí espantada de ahí y llamé a mi tío Federico, el único que podía saber de qué trataba todo esto. Mi hermano me siguió a regañadientes. Mi tío, al llegar, nos miró con lástima y nos dijo que fuéramos a casa.

Lo que siguió después no lo supimos. Quedamos castigados durante un mes por meternos en casas ajenas. Mamá dijo que teníamos suerte de que no nos llevase la patrulla. Ella nos llevó y nos recogió de la escuela hasta el último día de clases. Dimos el asunto por terminado, hasta que, a mediados del verano, el tío Fede volvió a visitarnos.

Era el decimocuarto cumpleaños de Julián. Estábamos atareados con el pastel, la comida y demás detalles, cuando escuchamos su voz.

-Claudia, ¿dónde está el Juliancito? Le traigo su regalo.

Julián corrió presto a recibir a mi tío. Portaba un gran cuadrado, forrado con papel de seda azul oscuro. Rasgó la envoltura, emocionado: los regalos de Federico eran siempre geniales. La sorpresa invadió su rostro al ver la carátula del viejo acetato: “A Love Supreme”, por John Coltrane. ¡Era el mismo que encontramos en la casa del vecino loco!

Mi tío fue el primero en llegar y el último en irse. Cuando estaba por despedirse, lo atajé y en voz baja dije:

-Yo también quiero un regalo.

-Lo que quieras, chiquilla, lo que quieras.

-¿Seguro?

-Pídelo y vemos.

Entonces sonreí maliciosamente.

-Dime qué le pasó al ahorcado.

Él empalideció.

-Mira, Claudia… aún eres chica para entenderlo…

-Prometiste que lo que yo quisiera –me crucé de brazos.

-Te diré… Algunas personas buscan tanto el placer, que se mueren en el intento. Ya te enterarás, niña.

Me guiñó el ojo y se alejó. Olvidé el asunto durante seis años más. Cuando cumplí los dieciocho, un paquete dirigido a mí cayó en casa.

Era un libro sobre parafilias. Me sentí asqueada hasta leer la dedicatoria.

Prometí contarte lo del ahorcado, pero este libro explica mejor. Busca en la página 169.

Tu tío Fede.

Despegue.

Por Fó Carrillo

Caballo plateado, columpiar a una sirena, ¿LLEVAS pizza hasta Neptuno? cataratas sublinguales, 3. 14 17, paraguas gigantes, UNA JAULA desalmada, chupacirios, apéndices, hirsuta, la carne de humano si es transparente, musgo, tambores nihilistas, ¿POR CABEZA a que te refieres? palacios de humo, petroleum, el ópalo, el semen, el café, el solo, amores filiformes, caminatas dientudas, piernas, hipérboles, DEJA VOLAR a lo que nació para volar, fuegos artificiales, tierra mojada, los abuelos de la muerte, A TU AVE maría purísima no la dejes concebir, campanas y campamochas, luces navideñas, solsticio bidimensional, la hermana república atardecer, LIBERATE de los aviones chismosos, tres tristes tigres, piernas, DE arriba abajo, dioses agnósticos, epílogos zumbantes, pistoleros, Hamlet vendiendo cebollas, 5’6’7’8’, episodios, segundas partes, terceras partes, cuartas partes, risotadas,
líneas___________________________________________________________________________
puntos…………………………………………………………………………………………………….......
guiones---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
finales, villanos, héroes, canicas, no le preguntes al espejo pregúntate
TI MISMO , ladridos, sonatas, baladas, f1, f2, f3, tricarbonato, Arreola en carriola, corazones desatornillados, piernas, lujuria del ángel, mucofagia, AQUÍ donde los ojos no duermen , cerbatanas, las sombras punzantes, mande al niño o a la niña o venga usted personalmente, TIENES que ser bello peludo!!!, sucio-ilógica-mente, como penetrar la posteridad sin el molde de unas piernas aprisionadas en el brutalmente pragmático parpadeo del universo, un largo día, la conciencia es una bomba de tiempo, morir es LA única forma de ser inmortal, ventanales, capirotada, manos de repuesto, José grillo, tocino, arboles, yo escribo, tu escribes, el escribe, ella escribe, ellos escriben, nosotros escribimos, ¿quien lee?, pantalones cortos, vestidos cortos, cortos circuitos, azafatas, pelotas, UFO, piernas, nombres, pisos, suspiros, anti coladeras, barrenos existenciales, LLAVE, ¿ya ves?

La flor más grande del mundo.

Por Fernando Azul

A Kastike, a Saramago, y a las flores.

Tutú llevaba tres días caminando por el campo. Cada vez que veía una flor, la saludaba, le ponía nombre y, lleno de alegría, seguía caminando. Hacía lo mismo con los árboles, los pájaros, y a veces, también saludaba a las nubes. Tutú era un niño muy feliz, sobretodo cuando caminaba por el campo. Sí, le gustaba caminar y caminar y caminar hasta perderse. Caminar. Entonces, sin darse cuenta, había caminado tanto que llegó al final del campo. Y justamente, donde terminaba el campo, comenzaba Marte. Tutú no se preguntó cómo llegó ahí, ni por qué comenzaba el planeta Marte, y mucho menos cómo haría para regresar a su casa. Él sólo se preguntaba una cosa. ¿Ir o no ir? Y Tutú fue.

Siguió caminando, saludando flores y árboles y aves y nubes. Siguió caminando, feliz, como siempre. Siguió caminando hasta que encontró frente a él una colina. No podía ni quería ni debía detenerse. Tutú subió la colina, y ésta colina era tan grande, que le tomó otros tres días llegar hasta la cima. Pero, por fin llegó, un poco cansado, y aún con una sonrisa en su carita de mazapan. Lo que vió le apachurró el corazón, lo llenó de tristeza, y hasta hizo que el cielo se pusiera un poco gris. Ahí estaba la flor más bella del mundo... lamentablemente para el mundo, estaba márchitándose, olvidada por todos. Tutú tenía un corazón tan grande, pero de veras, tan grande, que no pudo hacer otra cosa, sino ayudar a la bonita flor. El río más cercano estaba muy lejos de ahí, realmente lejos de ahí, pero eso no importaba, y él corrió y corrió y corrió. A toda velocidad, atravesó mil mares, subió mil montañas, brincó mil planetas... Recorrió el Universo entero, todo por la dulce flor que cerca estaba de secarse para siempre.

Finalmente llegó a la orilla del río, y en sus manos cargó toda el agua que pudo, y corrió aún más rápido para llegar con la flor lo más pronto posible. Cuando Tutú llegó con la flor, en sus manos sólo quedaban tres gotas. Como si fuera todo un lago, la flor, cada vez más débil, bebió las gotas que le llevó aquel niño soñador, y con esas gotas comenzó a sentirse mejor, pero no eran suficientes... trescientos años de olvido no se van con tres gotitas. Tutú volvió a atravesar el universo, corriendo una y otra vez sobre montañas y planetas, hasta que la flor quedó contenta y sin sed. Y creció. La flor creció hasta alcanzar a las nubes, y hasta cosquillas les hizo con sus pétalos y sus hojas. Tutú estaba tan feliz de ver una flor tan grande y tan hermosa, que de sus ojos salieron unas cuantas lágrimas. Pero también estaba cansado por tanto correr, y a la sombra de la flor, que era muy grande (la sombra...y también la flor...) durmió un poco. Los padres de Tutú no podían encontrarlo. Llevaban toda una semana sin verlo, y con vecinos y familiares y algunos cuantos amigos de otros mundos, salieron a buscarlo. Fueron a Júpiter y a Saturno y a Japón y a Xochimilco, pero nada. Hasta que vieron una flor ENORME al otro lado del campo. Subieron la colina y vieron a Tutú, muy tranquilo, durmiendo a la sombra de la flor. Lo llevaron de regreso a su aldea, y ahora todos lo veían con mucho respeto, pues gracias a aquel chamaco alegre de buen corazón, la flor más bella y más grande de todo el mundo vivió otra vez, por un millón y medio de años, y nunca nadie volvió a olvidarse de ella.

Crujidos.

Por Orlando Argote Caminante


Desperté por la mañana con el pensamiento infestado de ti y sin algún motivo por el cual levantarme. Ya ha pasado una semana desde que fui duro contigo; te grite un desprecio que se mordía el labio para no flaquear, te pise como al charco olvidado en una esquina y fingí no saber tu nombre que tatuado lo llevo en los labios. Para colmo sigo sin aceptar que te volviste una fuerte adicción.

Ojala hubiera parches para sacarte de mi o píldoras mágicas para adelgazar el vinculo que nos une – pienso esto mientras termino mi desayuno balanceado que consiste en cereal y las noticias de las siete –es jodido, lo se, pero el médico me dijo que bastaba una semana para dejar de lado el amor que siento por ti. Mejor me voy a caminar a ver a donde me lleva el viento que mueve mis pasos.

Dos horas caminando y no te he dejado de ver; te veo en las manos de aquel extraño que me mira temeroso cuando lo observo con detenimiento, en el mostrador de la tienda donde compré un “caballito” para calmar la sequia que dejo en mi boca esta caminata o en espectaculares que anuncian lo canceroso que puede llegar a ser tu ausencia. Es entonces que mis dedos simulan acariciar tu piel de papel, te asían como tu dueño, deslizan tu ser entero por mi nariz para llenarme del fino aroma que desprendes cuando la pasión nos quema. A penas salgo del trance y me doy cuenta que ante los ojos des los transeúntes soy un completo demente que habla con su amiga imaginaría llamada soledad.

El día muere en una esquina del mar – o al menos eso me gusta pensar cuando anochece y veo como se oculta el sol entre los edificios de esta congestionada ciudad –voy de regreso a casa todavía pensándote, no obstante no te he tocado o dirigido la palabra; esto me duele tanto como a ti. Al pasar por el parque de la calle Braga desisto de la abstinencia y de mi morral saco la cajetilla que te alberga, que te protege de todo mal; te tomo con delicadeza y comienzan los crujidos en mis pulmones indicándome que estoy más vivo que en la mañana.

Éxodo.

Por Mariana Recamier

Éxodo

Esta tarde me dejo de lágrimas

tomo mis cuadernos, hojas, pluma, alma,

alma destrozada, deshilachada,

hoy partimos querida cose tus desgarres

que no pienso parar a que los parches.


Estoy harta de esperarte

con tu retorica divagas

y te paras en cada esquina,

en tu poste favorito

que es cualquiera

mendigando las caricias

como una lámpara

que solo quiere cumplir los deseos

del siguiente al ser frotada.


Te quejas, te sientas,

ves tus pies, me los muestras,

en ellos van enterrados mas clavos

de los que quieres sentir

unos más mallugados que otros

unos bañados en sangre seca

como tantos en sangre tibia, fresca.


Vamos, camina,

deja de cojear de ese pie

que ya no es tuyo

mírate perezosa,

te adjudicas fracturas

para que la lastima te lleve cargada

el resto del camino.