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6 jul 2010

Un suspiro.

Por Orlando Argote Caminante

Tengo un cigarrillo en el cenicero que se va consumiendo mientras escribo esto, suficientes palabras para escribir sobre la luna y su conejo hambriento de charlas que las estrellas le han negado, dos libros de poesía que no he leído y que nunca leeré, un mal hábito que nunca podre arrancar de mis labios.

Tengo un cortaúñas que sirve para sajar sueños que nunca se cumplieron, un racimo de ilusiones que se marchitan en el jarrón sin agua de la ventana de mi habitación, diecinueve años y ocho meses de escuchar los latidos de mi corazón, el cansancio de un hombre que sucumbe ante la inanición, tengo dos horas para señalar al culpable de tus desgracias sabiendo que soy el causante de ellas, una mariposa sin alas que vive con la incertidumbre de un aleteo etéreo, unas chanclas que ya no sirven, un vaso vacío de soledades que bebí por la mañana.

Tengo una pluma y un cuaderno en blanco, una hortensia en el patio trasero, un recuerdo que no olvido porque lo alimento con tu voz cada vez que tengo la oportunidad, un mar de arena a mis pies que trata de llevarse mis pasos con sus dunas de media noche, un número de teléfono al que temo marcar, un corazón fragmentado por el mal uso que le he dado, pero que sigue latente, un ojo entelarañado por todo el dolor que se ha acumulado después de tantas despedidas.

He tenido tantas cosas que con el tiempo fueron yéndose poco a poco; noviembres sin puestas de sol que helaron mis sonrisas, girasoles que nunca giraron al sol, botellas con frijoles y un poco de algodón en su interior, una maquina de escribir que se canso de empolvarse en el armario. Y ahora que me detengo a observar la lista de mis faltantes me doy cuenta de que me hace falta un suspiro que sirva de consuelo para la alegría que lleva tanto tiempo ausente en mi rostro; lastima que, lo que una vez se te ha arrebatado es algo que ya nunca volverá, la tristeza llega a mi como olas, una y otra vez.

22 jun 2010

Beso muerto.



Por Orlando Argote Caminante



Ahí estaban los dos en plena plaza y en plena lluvia, frente a frente bailando un tango de miradas. Por alguna razón el tenia la desesperante necesidad de verla, no le importaba la lluvia ni las miradas ajenas que se adherían a su ropa mojada, el solo deseaba vehementemente estar ahí, junto a ella y mirarla hasta que sus ojos se oxidaran.

No conocía su nombre, ni su edad, ni su voz, para ella solo era otro hombre que se enamoraba con la primera vista del amor, sin saber que decir bajo la mirada como si un peso lleno de tristeza y culpabilidad de diez mil vidas la clavaran al piso.

El se acerco a ella y cada vez que la distancia se acortaba sentía caminar hormigas en la cabeza y en las manos, su corazón aullaba latidos como una jauría de coyotes que le claman a la luna que no perezca al amanecer. Al llegar a ella levanto su mentón con lentitud, sus ojos se posaron sobre los de el formando un eclipse inmortal –que hermosa es –pensó al instante.

La gente se resguardaba bajo sus respectivos paraguas mirando la escena, en ese momento llovía con ternura y el pregunto por su nombre – Décès –le respondió ella con una timidez que le erizo la piel. Sin poder resistir más tiempo la beso, un beso muerto lleno sus sentidos de una gloria nunca antes bebida, mil pinturas pasaron por su mente en ese momento; desde su niñez hasta ese ultimo instante.

Décès emprendió su sendero después de aquel beso casi inolvidable, durante el camino dejó escapar una lagrima que se mezclo con la lluvia en su rostro. En cuanto a Javier otro hombre enamorado de la muerte; su cuerpo quedo bajo la lluvia de miradas de las personas que lo vieron morir y de aquella lluvia de verano que dejo dibujada una sonrisa en su rostro.

14 jun 2010

Sábado de redención.


Por Orlando Argote Caminante


Y ahí estaba con su cara de domingo calcinante en pleno sábado lluvioso; me miraba por instantes como esperando a que le regresara la mirada con una intensidad igual o mayor, en ratos ella acostaba el rostro en la mesa y aparentaba dormir en mi cama mientras que los demás solo se percataban de que faltaban cervezas en la mesa.

Las botellas seguían vaciándose, la platica tomo un rumbo inoportuno para mi que solo deseaba esconderme tras unas cortinas llenas de anhelos y polvo. Fue entonces que inicio la ronda de preguntas y respuestas; mis labios querían correr lejos, muy lejos y sin dejar atrás la media cerveza que sostenía en la mano izquierda, me toco responder. Hice hasta lo imposible para esconder mis sentimientos o lo que los demás pensaban que yo sentía. Típico de todos, siempre creen saber que es lo que uno guarda bajo la lengua y por supuesto, también leen lo que dice la mirada. Al menos hoy experimente una desnudez distinta; me sentía vulnerado por las personas que me acompañaban esa tarde noche de deslices húmedos mientras que yo seguía vestido.

Después de dos rondas de cerveza ocurrió lo inevitable; ellos se enfrascaron en un beso prolongado, se convirtieron en una misma espuma mientras que yo quede a merced de ella, sin lentitud se acerco a mi con una sola intención, besarme hasta cultivar algo mas que amor en mi lengua. Con voluntad o no ysi es que eso existe, penetre el deseo, lo penetre hasta dejarlo satisfecho, tan satisfecho como cuando disipo el estrés con un cigarro.

Cuando termino todo, me di cuenta que solo había soñado despierto, mi sonrisa, la pesadez en los ojos, mis manos que todavía sentían su piel, seguían en su lugar, pero mi pensamiento se encontraba perdido en su nariz.

2 jun 2010

Le noise.



Por Orlando Argote Caminante


Me dueles en el pensamiento
cuando me acuerdo de ti
cuando no lo hago
o pienso que no lo hago.

Me caes desde un manzano
cimbras mis ideas
lashaces temblar en mis labios
que tartamudean relativamente.

A veces te amo con ganas
o te odio por intervalos
o te deseo o te deshecho
en teoría.

Hay un ruido de fondo
que no tiene fondo palpable
se esmera y se esmera
y perfora los oídos del corazón.

Hemorragia dulce elegante final
la vida no se va por la ventana
ni mi nombre ni mi alma científica,
el que se marcha soy yo…

Una vez hecho cenizas
y sin una formula que escribir
descanso en el infinito
de la relatividad especial.

19 may 2010

Bajo fondo.

Por Orlando Argote

Me siento como un tenis colgado de un cable de luz, un gallo que le canta a la noche por que se le escondieron los amaneceres, los tres metros bajo tierra que sisan nuestras alegrías para sembrar tristezas, el salero sin sal cuando las mañanasson mas insípidas que un cielo sin nubes, una zanahoria cocida que ha perdido sus nutrientes, la escoba usada para barrer los despojos de mis ayunos en soledad, la estrella que se desgajó al caer al piso después de cumplir varios deseos, el matadero de donde salió mi ultima cena, el calcetín que se ha rato y ha perdido a su par, la mugre adherida a la uña de un vagabundo con rumbo, la libélula que olvido prender su luz al caer el sol por la ventana de este planeta cuadrado, las circunstancias que obligan al necesitado a comerse a su amigo, un virote olvidado viejo y enmohecido que terminara en el bote de la basura, una llovizna que moja el animo de un idealista, el temblor en las manos de un cirujano que opera de vida o muerte a su paciente, un ciego sin manos que vive en la penumbra de una atardecer callado, una campana sin badajo, un abecedario sin “a”, o el hombre romántico que se ha quedado sin palabras por que le han cortado la lengua los sinsabores que causaronla falta de tus latidos; dejándolopara que viva de suspiros amacigados como los dientes de un fumador que no haya la manera de salir del vicio que tanto ama , coronado de una impertinencia voluntariosa que lo exhibe como un ser inacabado, solitario y completamente necesitado de ti.

4 may 2010

Crujidos.

Por Orlando Argote Caminante


Desperté por la mañana con el pensamiento infestado de ti y sin algún motivo por el cual levantarme. Ya ha pasado una semana desde que fui duro contigo; te grite un desprecio que se mordía el labio para no flaquear, te pise como al charco olvidado en una esquina y fingí no saber tu nombre que tatuado lo llevo en los labios. Para colmo sigo sin aceptar que te volviste una fuerte adicción.

Ojala hubiera parches para sacarte de mi o píldoras mágicas para adelgazar el vinculo que nos une – pienso esto mientras termino mi desayuno balanceado que consiste en cereal y las noticias de las siete –es jodido, lo se, pero el médico me dijo que bastaba una semana para dejar de lado el amor que siento por ti. Mejor me voy a caminar a ver a donde me lleva el viento que mueve mis pasos.

Dos horas caminando y no te he dejado de ver; te veo en las manos de aquel extraño que me mira temeroso cuando lo observo con detenimiento, en el mostrador de la tienda donde compré un “caballito” para calmar la sequia que dejo en mi boca esta caminata o en espectaculares que anuncian lo canceroso que puede llegar a ser tu ausencia. Es entonces que mis dedos simulan acariciar tu piel de papel, te asían como tu dueño, deslizan tu ser entero por mi nariz para llenarme del fino aroma que desprendes cuando la pasión nos quema. A penas salgo del trance y me doy cuenta que ante los ojos des los transeúntes soy un completo demente que habla con su amiga imaginaría llamada soledad.

El día muere en una esquina del mar – o al menos eso me gusta pensar cuando anochece y veo como se oculta el sol entre los edificios de esta congestionada ciudad –voy de regreso a casa todavía pensándote, no obstante no te he tocado o dirigido la palabra; esto me duele tanto como a ti. Al pasar por el parque de la calle Braga desisto de la abstinencia y de mi morral saco la cajetilla que te alberga, que te protege de todo mal; te tomo con delicadeza y comienzan los crujidos en mis pulmones indicándome que estoy más vivo que en la mañana.

22 abr 2010

Entre labios y rocas hay un paso.

Por Orlando Argote Caminante

Me duele la sonrisa y los desvelos

de la vida pasada,

trato de huir, robar de tu mente

todo recuerdo que me lleve a ti,

pero esta devoción

me aplasta con sus labios de roca.

Me besas y me fragmento,

me conviertes enel polvo

que te hace estornudar,

los labios que seden su voluntad

a tu corazón de roca.

Quisiera ser ciego

de ojos y manos

para sentir como muere

mi amor al estrellarse

en la frialdad del olvido,

entre labios y rocas hay un paso

y tu estas en medio.

15 abr 2010

El cuarto.

Por Orlando Argote Caminante

Y el camino se desvaneció bajo una lluvia fina y persistente, faltaban solo diez kilómetros para que Eduardo llegara al pueblo de Zamarripa de los Lagos, pero le era imposible seguir manejando bajo esas condiciones, así que termino estacionado a quince metros de la carretera. Pocos segundos después el sol murió dejando vestido de luto al cielo, un cielo sin fe.

Dos horas más tarde dejo de llover y el cielo se despejo; Eduardo se había quedado completamente dormido en el coche, allá afuera la oscuridad había engullido hasta las estrellas.

Eduardo despertó en una cama desgastada por el uso, confundido miro a su alrededor; el papel tapiz estaba rasgado, los demás muebles de la habitación estaban cubiertos de polvo, en el tocadorcito de la derecha una pistola aguardaba en silencio a ser usada, el péndulo del reloj de pared inmóvil, gotas suicidas caían desde una gotera al piso y apartado en una esquina un espejo. Al levantarse casi tropieza con una cadena, dudo un instante, pero cogió la pistola, camino con cautela hasta la puerta, su corazón en la garganta palpitaba desesperado, giró la manija de la puerta, esta se abrió rechinando de disgusto y por ella entro una oscuridad voraz.

Eduardo despertó en una cama entre sabanas ensangrentadas, lleno de miedo miro a su alrededor; el escaso papel tapiz manchado de sangre, los demás muebles de la habitación estaban repletos de ojos y dedos humanos, el péndulo del reloj en movimiento, gotas de sangre caían del techo y en el espejo del rincón la piel del rostro de un humano colgaba escurriendo sangre. La cadena seguía en su lugar, ya no dudo y cogió la pistola, corrió hasta la puerta, el corazón seguía temblando en la garganta, giró la manija de la puerta, esta crujió al abrirse y por ella entro una oscuridad voraz.

Eduardo despertó en una cama sobre sabanas ensangrentadas, al filo de la enajenación y con los ojos desorbitados miro a su alrededor; clavadas en las paredes mujeres y hombres destazados temblaban por el dolor, los muebles de la habitación bañados en sangre, el tic tac del reloj retumbando en sus oídos, ahora llovía sangre del techo y en el espejo la palabra “sigues” marcada con sangre. Se incorporo temblando, arrastrando los pies intento ir hacia la puerta, pero estaba sujeto por el grillete de la cadena que estaba incorporada a la pared, la manija de la puerta giró y la puerta se abrió. Esta vez la oscuridad no envolvió todo, un hombre sin rostro entro, en su mano izquierda empuñaba un machete; se dirigió paso a paso hacia Eduardo, este asió la pistola y apunto a su atacante que no se inmuto, acciono la pistola, pero nada ocurrió.

8 abr 2010

A tus ojos marchitos…


Por Orlando Argote Caminante

El ambiente huele a lamentos,
mantos azabaches adornan la noche,
velas que titubean,
un cuerpo inerte
y tazas con café humeando,
componen tu nombre
en el dolor
que medra en los lindeles de mi corazón.

Lagrimas que se derraman
como un raudal de sentimientos,
¡mira todo el dolor que has causado
con tu silencio perpetuo!
Y te imploro que abras tus ojos,
que me mires siquiera
pero olvido que la razón
esta peleada con el anhelo.

Mujer bonita,
mujer amada,
madre de mis alegrías
diosa de mis noches ardientes,
¿Por qué dejaste tu estela
de ausencia en mi jardín?
Hoy eres el sinvivir
de mis mañanas a media luz.

Componenda trágica;
¿Cómo voy a sentir tu candor?
cuando paso mis deshoras en el infierno
que dejaste aquí en la tierra,
mientras que tu caminas libre
en tu vergel de nubes,
esta devoción a tus ojos será el ocaso,
el infortunio de todos los días.

2 abr 2010

No ésta vez.



Por Orlando Argote Caminante

Siempre he eludido los problemas desde que era un chiquillo, correr se convirtió en la forma de vida que adopte hasta el final. Por alguna razón yo siempre me vi apetecible para ser vapuleado por los chicos de mi edad, he aquí que inicie a escapar, tal vez fue mi baja estatura o como decía mi madre cuando curaba los raspones en mis mejillas –no eres tonto terroncito, eres un niño muy noble es por ello que tus amigos se aprovechan de ti –. A mis diecisiete años mi madre ya no estaba conmigo para curar mis heridas, un letal cáncer de mama la consumió arrebatándome a la primer mujer que ame, se preguntaran que fue de mi padre, ni yo lo se, ese bastardo se fue cuando yo estaba en brazos y no sabia que el mundo me tenia destinado huir. Así que sin familia y con la soledad alumbrando mi camino me dedique a escapar, a correr, a pirarme para sobrevivir. Me vincule con la peor gente que pude encontrar; con ellos me dedique a robar, golpear y rehuir de los policías cuando era necesario, vi caer a muchos hermanos de los cuales ya no recuerdo sus nombres, creo que olvide tener afecto por las personas desde que probé el dolor que causa encariñarte a ellas. Un buen día decidí que era tiempo de huir de esa pandilla, a Menos dos dedos líder de la hermandad no le pareció que yo desertara, así que ahí me tenían de nuevo huyendo para no morir a manos de unos sujetos que darían su vida por un poco de marihuana. Desde ese día mi vida cambio, gracias a que mi madre inculco en mí el hábito de la lectura y a que nunca deje de leer, ni siquiera cuando me dedique a asaltar ancianas y traficar marihuana en el barrio; esto me condujo a trabajar en un pequeño café en el centro de la ciudad como mesero, los domingos era invitado a leerle cuentos infantiles en el parque que esta enfrente del café, al menos por un tiempo ya no tuve que correr. Mi vida empezó a ser muy agradable, durante este lapso de paz para mi corazón fui como un toro manso. Luego llego Mónica y de nuevo escaparse convirtió en mi vida, escabullirme de las manos de su celoso padre que me consideraba una amenaza para su hija no fue fácil. Pasaron dos años para que el aceptara nuestra relación, para ese entonces ya trabajaba en campañas para difundir la lectura, vivía en un departamento con Mónica, el pasado no pesaba tanto como antes y gracias a ella mi corazón abrió su telón al amor.
Cuando mi vida tomo una tonalidad azul turquesa una noticia agradable complemento mi existencia con una felicidad enorme que claramente se reflejaba en mi sonrisa, Mónica estaba embarazada, quien lo diría por fin dejaría de zafarme de todo, tendría una vida mas normal. Seis meses después,promoviendo el hábito de la lectura en una zona marginada que conocía como a la palma de mi mano me encontré a menos dos dedos, estaba demacrado, lánguido y sucio. Hasta hoy no entiendo el motivo pero me acerque a el, me reconoció al instante, me pidió dinero y le di un billete de veinte pesos, le dije adiós y escape de aquel sitio sin mirar atrás. Cuatro días después llegue a casa posteriormente de un día pesado de trabajo, tenia ganas de dormir y solo eso; pero algo andaba mal, las luces apagadas y un silencio inusual inundaba el lugar, entonces me acerque al interruptor de la luz, lo presione con miedo; cuando se ilumino el pasillo, ahí estaba en el piso, me acerque a ella, estaba toda fría, la abrace y bese su frente, ríos de lagrimas escaparon de mis ojos, sentí el corazón en la garganta cuando quise gritar para expulsar el dolor que fragmentaba mi ser. Según los forenses un paro respiratorio término con la vida de ella y de mi hija, por fin me entere que seria una niña.Desde ese día comencé a huir de nuevo, el dolor que me afligía era voraz, siempre ahí devorando mi felicidad, si es que quedaba algode ella. El ron calmaba mi sufrimiento momentáneamente pero al día siguiente era peor, no soportaba estar vivo, pensé en el suicidio pero mi cobardía tenía límites como para salir por la puerta de atrás.
Una noche me dirigía al departamento con ánimos por los suelos, entonces unas sombras me rodearon impidiendo que escapara, mire al que tenia mas próximo; era Menos dos dedos, tenia un picahielos en su mano izquierda. Esta vez no me pidió nada solo me presento al amigo que sostenía en la mano una y otra vez mientras sus compinches me tomaron de los brazos. Acabado su trabajo huyeron.
Esta fue mi vida, una vida normal como la de cualquier otro, yo me esperaba un final distinto, empiezo a sentir como un frio recorre mi espalda, me siento cansado, todo me pesa, hasta respirar, al menos esta vez no tendré que huir, no esta vez, cerrare mis ojos, espero ver esa luz blanca de la que me hablo mi madre y…