Jueves.
Mi maestra de español está loca. Dijo que nos haría el examen parcial y, en vez de eso, nos dejó una estúpida redacción de una cuartilla sobre la primera palabra que se encontró en el diccionario. El problema es que cayó en la D. D de “devoción”. Tenemos hasta el siguiente jueves para entregarlo. Espero que con ese tiempo me alcance para pensar en algo.
Viernes.
-Piensen muy bien qué van a escribir en su trabajo sobre la devoción, porque califico originalidad –Maldita vieja. ¿Cómo se puede ser original con un tema así?
Cuando pienso en devoción, se me sale el chamuco.
Sábado.
Hoy no haré ni madres. Voy al cine con mis amigos. Ya desperdicié suficiente tiempo ayer tratando de escribir sobre algo tan árido.
Al menos ya tengo el principio. Dice: “Cuando pienso en devoción…”
Domingo.
Sólo puedo pensar en la virgen de Guadalupe. ¿Será esto un complot para obligarnos a ir a la iglesia?
Lunes.
El cuaderno de español se queda en blanco. 2x + 7y es mucho más importante.
Martes.
Hoy vi a Julieta en el camión; hacía mucho que no hablábamos. Lo raro es que no hay novedades en su vida. Yo cambié muchísimo en un par de meses, ella está en las mismas: mismo novio, misma rutina, mismos gestos. Sólo está más amargada. No puedo creer que siga con Tomás después de lo que le hizo. Querido y estúpido diario (por claridad, debo suponer que mi diario es estúpido), hace un año no te escribía, así que te contaré la historia.
Julieta y yo fuimos las mejores amigas del mundo hasta que apareció el cabrón de su novio. Él es un presumido, capaz de echársele encima a una escoba con falda. Y como las demás, caí. El tipo y yo casi tenemos algo. Me arrepentí a tiempo y le conté todo a Julieta, tontamente creyendo que ella se pondría de mi parte. Porque tenía evidencias de que él me buscó, y no era la única a la que se insinuaba, joder.
No es difícil adivinar a quién prefirió ella. Desde entonces fue en picada. Faltaba a clases para verlo, se gastaba todo en comprarle regalos, se aisló de todos y así llegó al punto en que la encontré ahora. Me ha confesado que prefiere cerrar los ojos a todo lo que sabe que está mal en Tomás.
-A mí no me ofende, pero no me gusta pensar en eso –dijo en el camión.
¡Rayos! ¿Qué es el tipo? ¿Su Dios?
Me ha distraído tanto que no tengo ideas para la tarea del jueves.
Miércoles.
Mi cuaderno de español exhibe lindas espirales y muñecos de palitos. Y la fecha de mañana.
Odio a la maestra, espero le dé sífilis y muera lentamente.
Mismo miércoles, 10:17 p.m.
No puedo dejar de pensar en Julieta. Aunque me revuelva el estómago, recuerdo una y otra vez el cuento con su novio. Y me siento peor porque yo merecía arruinarme y la jodida es ella. Aún así lo adora. Con todo esto de la devoción, me la estoy imaginando de rodillas frente a un altar de Tomás. Sólo eso le falta.
La hoja sigue vacía.
10:42, en la cocina.
Me pregunto si se valdrá. Es una idea interesante. Ella pide originalidad, originalidad le damos.
Borrador casi-casi definitivo, 12:39 del jueves:
“Cuando pienso en devoción, pienso en alguien que fue mi amiga. Pienso en lo linda que era, en lo inteligente que parecía y en cómo a todos les caía bien. La creí perfecta mucho tiempo y todo lo que ella decía me parecía sumamente acertado. Pero sí tenía defectos. Uno muy grande: su novio.
El diccionario dice que “devoción” viene de una palabra en latín que significa consagrarse a algo, hacer un sacrificio. Pues esta chica sacrificó sus amistades, su dinero y sus calificaciones, para poder hacer feliz a ese infeliz que anda con ella. Eso es lo que yo llamo desvestir a un santo para vestir a otro. Y no necesito catedrales para demostrarlo.”
Más o menos así quedará. Me da flojera copiar el resto.
Jueves, al mediodía.
Sólo paso las palabras de la maestra:
-Muchachos, espero que le hayan echado ganas a su tarea de hoy. Es el examen parcial y cuenta 40 puntos: mañana a primera hora dejo pegada la lista con las calificaciones.