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8 abr 2010

A Fá*

Por Fó Carrillo

*ntasía de las tardes tropezadas

Yo declino y tú *lleces

Pues nos *ltas

*llas al acuerdo que hicimos cuando no te vi y no me viste

Por que *brico *bulas que no son *bulosas

Tu *rol *laz de mi *lo cuando llueve

*

*

*

*

*

Llega y rellena, habita, revive, trasciende, reforma y completa

Este poema, y todo lo demás.

Con devoción a ti.

Por Le Marthelle (Alonso Solís)

Me convertí en la índole de tus manos,
Soy aquel admirador que solo piensa en poesía.
Que te venera enajenado con el fervor inocente,
como la afición especial de tu culto consagrado.

Pase a ser el que practica la costumbre devota,
de entregar mi ser total a la viva experiencia.
La mística esencia de la atracción a tu persona,
que voluntariamente me entrego a tu grandeza.

Soy esclavo y sirviente de tu precepto perpetuo,
pues me encuentro listo a obedecer tu mandato.
Me obsesiona la idea de interpretar tu cuerpo,
y ponerlo en el altar que mi destino a encontrado.

Me siento atraído de tu pasión hecha pureza,
la idea inerte que se encuentra concebida.
El deseo en vano de admirarte siempre,
y pasar mi tiempo mirándote divina.

Quiero ser el devoto más ferviente,
el que sea el elegido de estar a tu lado.
Que pueda disfrutar cada instante y momento,
de hallarme bajo tu mirada y sentirme a salvo.

Déjame perderme en la idea que domina mis sentidos,
y terminar como el hombre que alaba tu nobleza.
Pues gracias a ti he sido el que se topa cautivo,
al ser apreciado por tu eterna naturaleza.

Nekrocidio Espiritual.

Por Fernando Azul

Su devoción

fue lo que lo alejó

de todos nosotros.

El vive a oscuras. No necesita la luz. ¿Para qué? No es como si tuviera que andar a tientas. Lo tiene a él.

La última vez que lo vi, estaba tirado, junto a un espejo roto, devorando con fervor todos los focos que pudo encontrar en su departamento. Cuando terminó, escupió verdad. En ese momento supe que lo había perdido. Lo mejor era salir de ahí sin despedirme, y seguir adelante. Cuando un hombre llega a encontrar la verdad, es porque ha perdido todo lo demás. Y no vale la pena vivir así.

Ahora gatea, anda a rastras; se escurre sin remedio y la alfombra de su habitación lo aprisiona sin que se de cuenta. En lo más profundo de su olvidado ser, él sabe que no tiene perdón. Por eso anda por ahí, con clavos enterrados en sus codos y sus muñecas y sus rodillas y sus tobillos; callando todas las bocas de su cuerpo.

El olor del incienso ha comenzado a nublar sus pensamientos. Incluso el recuerdo de las veladoras encandilan su tercer ojo. El único que le queda. De sus cuencas escurre un ácido verde y amargo; el sudor de sus ausentes pestañas. Hay quien llamaría a eso un milagro. Pero él sabe que es sólo dolor divino.

Ha dejado de alimentar su cuerpo, por eso su espíritu muere de hambre. Y junto a su espíritu, está su fe carcomida, y todo él muere también. Todo muere menos su devoción. El continua exprimiendo las heridas que escupen en la cara de su erróneo dogma. El sigue clavándose las uñas y tragándose la pus. Sigue a rastras; él sigue ahí. Porque él es devoto. Porque el cree. Pero creer también es dudar.

Retórica.

Por Cristina Ramírez

Extirpo el fervor de un beso tuyo con los dientes.

Lo conservo en un frasco de cristal,
hasta que se convierte en mariposa…
y vuela lejos.

Sé que su cuerpo muere en cuestión de horas,
pero pronto se convierte en polvo
que el viento lleva de vuelta a ti.

Lo respiras, suspiras, te beso.

Estás conmigo, sigo creyendo.

Páramo Azul.

Por Mariana Recamier


Regreso a la habitación donde cada noche el insomnio entra en forma de polvo por mis poros y demacra marcando un páramo azul en mis ojos.

La vida la danzo taciturna desde que no estás, el destino pintó trazos inexorables en mi tiempo, me negó el tuyo tal vez porque mi persona hubiera estado opaca en tu mundo de negros y grises tan perfectos.

La soledad la he vivido no por ilusiones de inferioridad sino por la realidad de la marca en mis brazos de lo distinto, de lo tuyo, de lo de ellos, solos por complejos que retratamos en forma de signos que leo y no entiendo.

Sé que era necesario vivir en vilo para conocerte, que bañada de fausto no me reconocerías, no me matarías mil veces hasta que la belleza extasiada por la muerte me hiciera tuya.

Me tienes aquí, como siempre emanando sangre de la cicatriz eterna que te da cuna en mi alma.

Te extraño, mi sueño de verte en otros cuadros me ha obligado a ser residente de una fe en la que no creía.

A veces pierdo la esperanza pero antes de que este rota y manchada la busco bajo todas las lunas y entre todos los hombres, que el fin del mundo llegara siempre prematuro a la rendición de nuestro encuentro.

Exámen Parcial.

Por AJ

Jueves.

Mi maestra de español está loca. Dijo que nos haría el examen parcial y, en vez de eso, nos dejó una estúpida redacción de una cuartilla sobre la primera palabra que se encontró en el diccionario. El problema es que cayó en la D. D de “devoción”. Tenemos hasta el siguiente jueves para entregarlo. Espero que con ese tiempo me alcance para pensar en algo.

Viernes.

-Piensen muy bien qué van a escribir en su trabajo sobre la devoción, porque califico originalidad –Maldita vieja. ¿Cómo se puede ser original con un tema así?

Cuando pienso en devoción, se me sale el chamuco.

Sábado.

Hoy no haré ni madres. Voy al cine con mis amigos. Ya desperdicié suficiente tiempo ayer tratando de escribir sobre algo tan árido.

Al menos ya tengo el principio. Dice: “Cuando pienso en devoción…”

Domingo.

Sólo puedo pensar en la virgen de Guadalupe. ¿Será esto un complot para obligarnos a ir a la iglesia?

Lunes.

El cuaderno de español se queda en blanco. 2x + 7y es mucho más importante.

Martes.

Hoy vi a Julieta en el camión; hacía mucho que no hablábamos. Lo raro es que no hay novedades en su vida. Yo cambié muchísimo en un par de meses, ella está en las mismas: mismo novio, misma rutina, mismos gestos. Sólo está más amargada. No puedo creer que siga con Tomás después de lo que le hizo. Querido y estúpido diario (por claridad, debo suponer que mi diario es estúpido), hace un año no te escribía, así que te contaré la historia.

Julieta y yo fuimos las mejores amigas del mundo hasta que apareció el cabrón de su novio. Él es un presumido, capaz de echársele encima a una escoba con falda. Y como las demás, caí. El tipo y yo casi tenemos algo. Me arrepentí a tiempo y le conté todo a Julieta, tontamente creyendo que ella se pondría de mi parte. Porque tenía evidencias de que él me buscó, y no era la única a la que se insinuaba, joder.

No es difícil adivinar a quién prefirió ella. Desde entonces fue en picada. Faltaba a clases para verlo, se gastaba todo en comprarle regalos, se aisló de todos y así llegó al punto en que la encontré ahora. Me ha confesado que prefiere cerrar los ojos a todo lo que sabe que está mal en Tomás.

-A mí no me ofende, pero no me gusta pensar en eso –dijo en el camión.

¡Rayos! ¿Qué es el tipo? ¿Su Dios?

Me ha distraído tanto que no tengo ideas para la tarea del jueves.

Miércoles.

Mi cuaderno de español exhibe lindas espirales y muñecos de palitos. Y la fecha de mañana.

Odio a la maestra, espero le dé sífilis y muera lentamente.

Mismo miércoles, 10:17 p.m.

No puedo dejar de pensar en Julieta. Aunque me revuelva el estómago, recuerdo una y otra vez el cuento con su novio. Y me siento peor porque yo merecía arruinarme y la jodida es ella. Aún así lo adora. Con todo esto de la devoción, me la estoy imaginando de rodillas frente a un altar de Tomás. Sólo eso le falta.

La hoja sigue vacía.

10:42, en la cocina.

Me pregunto si se valdrá. Es una idea interesante. Ella pide originalidad, originalidad le damos.

Borrador casi-casi definitivo, 12:39 del jueves:

“Cuando pienso en devoción, pienso en alguien que fue mi amiga. Pienso en lo linda que era, en lo inteligente que parecía y en cómo a todos les caía bien. La creí perfecta mucho tiempo y todo lo que ella decía me parecía sumamente acertado. Pero sí tenía defectos. Uno muy grande: su novio.

El diccionario dice que “devoción” viene de una palabra en latín que significa consagrarse a algo, hacer un sacrificio. Pues esta chica sacrificó sus amistades, su dinero y sus calificaciones, para poder hacer feliz a ese infeliz que anda con ella. Eso es lo que yo llamo desvestir a un santo para vestir a otro. Y no necesito catedrales para demostrarlo.”

Más o menos así quedará. Me da flojera copiar el resto.

Jueves, al mediodía.

Sólo paso las palabras de la maestra:

-Muchachos, espero que le hayan echado ganas a su tarea de hoy. Es el examen parcial y cuenta 40 puntos: mañana a primera hora dejo pegada la lista con las calificaciones.

A tus ojos marchitos…


Por Orlando Argote Caminante

El ambiente huele a lamentos,
mantos azabaches adornan la noche,
velas que titubean,
un cuerpo inerte
y tazas con café humeando,
componen tu nombre
en el dolor
que medra en los lindeles de mi corazón.

Lagrimas que se derraman
como un raudal de sentimientos,
¡mira todo el dolor que has causado
con tu silencio perpetuo!
Y te imploro que abras tus ojos,
que me mires siquiera
pero olvido que la razón
esta peleada con el anhelo.

Mujer bonita,
mujer amada,
madre de mis alegrías
diosa de mis noches ardientes,
¿Por qué dejaste tu estela
de ausencia en mi jardín?
Hoy eres el sinvivir
de mis mañanas a media luz.

Componenda trágica;
¿Cómo voy a sentir tu candor?
cuando paso mis deshoras en el infierno
que dejaste aquí en la tierra,
mientras que tu caminas libre
en tu vergel de nubes,
esta devoción a tus ojos será el ocaso,
el infortunio de todos los días.